Mis 52 golpes (50/52)

¡Hola! Iré compartiendo aquí todas mis publicaciones de Los 52 golpes, que es donde me he «mudado» a escribir este año. Habrá un nuevo texto cada semana del año. ¡Gracias!

Primer golpe, «El rapto»

Me dejaron inmovilizado en una vieja silla giratoria que chirriaba con debilidad. Me ataron del cuello y cubrieron mi cuerpo con una capa de tela gruesa de intenso color rojo. Cuando pude abrir los ojos, un gran espejo mostró… Sigue leyendo aquí.

Segundo golpe, «Navidades añejas»

Un ocho de enero murió mi padre. Cada año recuerdo la canción que le escribí, no a él, sino a los altruistas reyes magos que visitaban el hospital en el que yo hacía vida por entonces, hace ya ocho años… Sigue leyendo aquí.

Tercer golpe, «Bukowski»

Hoy me pasé por Correos para enviar poemas a ocho estúpidos certámenes y cuatro copias de mi disco. Una señora enjuta y arrugada pegaba etiquetas a cada sobre y me daban náuseas pensando que estaba poniéndole precio a mis letras. Sigue leyendo aquí.

Cuarto golpe, «Viejos ciegos»

Un día te asomas al espejo y ves a un viejo que se parece a ti. Pierdes algo de peso y hasta compras ropa decente pero sigue habiendo un señor arrugado donde antes te lavabas la cara tú. Aún así te pertrechas y te repasas, hasta te preguntas… Sigue leyendo aquí.

Quinto golpe, «La abuela»

La casa de la abuela está deshabitada pero los bancos siguen mandando cartas. La entrada da a un corredor que a su vez da a un patio cubierto de hojas secas, y hay un sofá alargado en el rincón con más luz, con una pila de libros… Sigue leyendo aquí.

Sexto golpe, «Las doce pruebas»

En el metro de Madrid habita una fauna de lo más curiosa. Era hora punta en la línea seis y las gentes parecían garbanzos cociéndose en una olla exprés. Una voz de mujer se aproximaba, pidiendo limosna, pensé yo, pero poco a poco… Sigue leyendo aquí.

Séptimo golpe, «Te quiero»

Hubieron de pasar años hasta que los astros se alinearon y nuestras apretadas agendas se despejaron para comer un día. Es increíble lo fácil que era bajar al parque a darle patadas a un balón tiempo atrás y lo difícil que nos lo… Sigue leyendo aquí.

Octavo golpe, «Medusa»

A veces se me olvida que tengo una ventana a través de la cual pululan millones de vidas. Y se me olvidan también las vidas que asesiné para tener ésta, que vive presa en una cárcel con ventanas a través de la cual pululan millones de… Sigue leyendo aquí.

Noveno golpe, «Costumbres»

Los humanos somos animales de costumbres. Con la edad, parece ser, cada vez más. A medida que envejezco envejecen mis manías y se agigantan, por la fuerza misma de ejercerlas constantemente. Me imagino a mí mismo en la senectud… Sigue leyendo aquí.

Décimo golpe, «El enfado»

Tenía que pasar. Lo de no tener nada que contar esta semana, digo. Admiro la capacidad que mucha gente tiene de darle importancia a las cosas. Y, además, de no avergonzarse al escribir sobre ellas. Ahí están, en sus redes sociales… Sigue leyendo aquí.

Undécimo golpe, «Las vidas que no he sido»

El tiempo avanza en una sola dirección, inexorable y constante, sin permitirnos si quiera la pausa. Y sin preguntar. La vida debería tener un botón para guardar la partida, como en los videojuegos. Así, tal vez, seríamos capaces de vivir… Sigue leyendo aquí.

Duodécimo golpe, «Frutas y verduras»

El gigantón servía cerveza en su jarra y hablaba serenamente. En sus manos aquella litrona no era más que un pequeño botellín de Mahou. Observaba su vasto puño entre la sorpresa y el miedo, suplicando en silencio por no sentir nunca un… Sigue leyendo aquí.

Decimotercer golpe, «Decimotercer insomnio»

Permíteme que vuelva a molestarte esta noche. Deja que vuelva a merodear por el orden de tus letras, ése que nunca entendí pero que sé de memoria. Cu, uve doble, e, erre, te… No es que te tenga abandonado. Al contrario. Cada semana me… Sigue leyendo aquí.

Decimocuarto golpe, «El escritor del No»

A veces pienso que hay una fuerza invisible que nos empuja a elegir un nuevo libro, como si el libro ya nos hubiera elegido a nosotros. Confieso que con frecuencia escojo más bien al azar, por el número de páginas o por lo que… Sigue leyendo aquí.

Decimoquinto golpe, «La llamada»

No pensaba coger el teléfono, pero me arrepentí en el último momento. —¿Sí? —contesté, lacónico. —¿Qué dices, subnormal? El saludo era inconfundible. —¡Hombre! ¿Qué pasa? —reaccioné.—Pues aquí, hasta el nabo… Sigue leyendo aquí.

Decimosexto golpe, «Por las malas»

Acudí al Club de los Poetas Violentos
antes de ir al aula del profesor Keating.
El barrio aullaba a Camarón y a Rosendo,
yo buscaba micros para dar un mitin…

Sigue leyendo aquí.

Decimoséptimo golpe, «Noventa y dos minutos»

Lo que se tarda en perder un Mundial. Lo que tarda una comedia romántica en ablandarte el cerebro. Noventa y dos minutos en la sala de espera de la enfermera, con tres pacientes por delante. Noventa y dos minutos en los… Sigue leyendo aquí.

Decimoctavo golpe, «El estorbo»

Cuando uno va al hospital, espera reconfortar de algún modo al enfermo. Alegrarlo un poco, tranquilizarlo… Distraerlo, aunque sea. Por lo menos no ser un estorbo; un manojo de nervios incapaz de controlar las emociones sin que se note… Sigue leyendo aquí.

Decimonoveno golpe, «Oculto a simple vista»

No sé qué me pasa últimamente, pero soy incapaz de juntar palabras. No tengo mucho tiempo, y estoy ocupado. No apunto una mísera idea. Será que apenas tengo tiempo para leer. Me dedico a un jueguecito tedioso del móvil… Sigue leyendo aquí.

Vigésimo golpe, «Conclusiones»

De asistir a un parto y ver nacer a mi hija, dos conclusiones saco:

La primera es que las madres son indudablemente superiores físicamente hablando a cualquier grupo militar de élite mundial…. Sigue leyendo aquí.

Vigesimoprimer golpe, «Lobos con piel de perro»

Ahora que el mundo ha cambiado de órbita y ya no gira alrededor de mi ombligo, sino en torno a un ombligo más pequeño, atado aún a un cordón caduco, todo parece más sencillo. Las prioridades están más claras. El peso de… Sigue leyendo aquí.

Vigesimosegundo golpe, «El proceso creativo»

De éstos, nuestros 52, algunos incautos decidimos ponerle cara a los escritores que hay detrás de los números —error garrafal histórico que hace que muchos mitos caigan al suelo como brevas maduras—, y lo hicimos en un lugar llamado… Sigue leyendo aquí.

Vigesimotercer golpe, «Escritura automática»

Lo oí en una charla de un poeta bohemio hace un tiempo. Decía que a veces escribía casi dormido; apuntaba frases inconexas cuando estaba a punto de caer rendido y no podía procesarlas, simplemente «trasladarlas». A veces obtenía… Sigue leyendo aquí.

Vigesimocuarto golpe, «La disyuntiva de la tortilla»

Sabrán entender que la parte de «patata» es, generalmente, bien entendida. Sin embargo, la de «tortilla», no lo es tanto. Y es que —dicen los que saben cocinarse la vida— hay que echarle más huevos. La vida es más como una tortilla de patata… Sigue leyendo aquí.

Vigesimoquinto golpe, «El entierro»

A los entierros voy con algo negro y algo blanco. Negro porque hay que saber respetar la muerte y blanco porque hay que saber celebrar la vida. A los entierros voy escuchando flamenco, flamenco puro, porque es la única manera de escuchar… Sigue leyendo aquí.

Vigesimosexto golpe, «El chico nuevo»

Encamisado y de largo en este desierto madrileño entré en la nueva oficina. Las miradas sobre mí y las mías al infinito, por si me encontraba con alguna. Una eternidad de ojos nuevos vestidos con toga y martillo de juez. Mis pies directos al… Sigue leyendo aquí.

Vigesimoséptimo golpe, «Estrés»

Es un mes y medio largo,
o diríase que eterno,
donde no cabe el letargo
ni palabras en cuaderno…

Sigue leyendo aquí.

Vigesimoctavo golpe, «La piscina profunda»

En este sistema que nos hemos montado los humanos, debemos adaptarnos a horarios. Que viene a significar que hacemos las cosas cuando podemos, y no cuando queremos. ¿Qué sentido tiene eso? Bueno, ese hueso ya lo morderemos otro… Sigue leyendo aquí.

Vigesimonoveno golpe, «No es país para veganos»

Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre. Sí, señorías. Yo, que fui criado en Segovia —tierra en la que sólo se comen bebés de animales y la verdura no se usa ni para decorar—, y afincándome poco a poco a la zona de… Sigue leyendo aquí.

Trigésimo golpe, «Mi pequeña capa de invisibilidad»

Ustedes verán si creen o no, como cuando leen a Tolkien, pero la magia existe. Yo la he sentido, y no sólo es la ciencia que está por descubrir, que también, a veces no tiene explicación humana posible. He encontrado algo mágico… Sigue leyendo aquí.

Trigesimoprimer golpe, «La Inquisición Inversa»

No queda mucho —lo he visto en los posos del café— para que sean lo suficientemente fuertes para actuar. El día del juicio se acerca y muchos no sabemos ni de qué seremos acusados. El día —así lo dice la profecía— en el que la Inquisición… Sigue leyendo aquí.

Trigesimosegundo golpe, «La maleta de ida»

Invertí treinta y dos minutos en preparar una maleta con lo esencial: la lista de música y los programas de radio. Después de eso, uno ya puede hacer frente a los gayumbos y a los calcetines, siempre de sobra, no sea que el fin del mundo… Sigue leyendo aquí.

Trigesimotercer golpe, «La maleta de vuelta»

Las maletas de vuelta huelen a derrota. Son tres y varias bolsas, una cesta bien surtida y las ganas medidas de volver con la frente marchita, pero a casa. Es agosto, aunque nunca se sabe con los puentes: la entrada a Madrid se puede complicar… Sigue leyendo aquí.

Trigesimocuarto golpe, «Soldado retirado»

Para un soldado retirado el campo de batalla es un espectáculo extraño. Volver al terreno donde libró mil y una batallas desprovisto de uniforme y de misión. Pulular por allí viendo lo que hacen los nuevos reclutas, que a menudo no siguen… Sigue leyendo aquí.

Trigesimoquinto golpe, «El libro del recuerdo»

Con vuestro modo de interpretar el tiempo y el espacio, esta historia aún no ha ocurrido, pero hubo, o habrá, mejor dicho, un libro mágico que mostrará los recuerdos de aquel que mire sus páginas. En la aldea donde se encontrará el libro… Sigue leyendo aquí.

Trigesimosexto golpe, «La rueda del hámster»

Últimamente, salir a tomar el aire para mí es bajar las ventanillas del coche. Daban las nueve y el sol era radiante, y puse una pieza de Bob James como arenga para que el camino al trabajo doliera menos. Me gusta ir a la contra… Sigue leyendo aquí.

Trigesimoséptimo golpe, «Sueños son»

Mi padre se llevó una frase a la tumba. Sus labios temblorosos y su gesto de rendición la dijeron por él. Creí entender lo que quiso haberme dicho y eso me bastó. Años después supe lo que quiso decir en realidad y comprendí… Sigue leyendo aquí.

Trigesimoctavo golpe, «Pulp Dream»

Empleé la mañana del sábado en acudir a una vieja librería, buscando algún ejemplar raro para mi colección. Encontré lo que parecían ser bocetos de algún estudiante, folios plastificados sin etiqueta que había colado allí, no sé si por… Sigue leyendo aquí.

Trigesimonoveno golpe, «Devuélveme el cuchillo»

Había siluetas negras en cada ventana con luz de la barriada. Todos los bloques que rodeaban la antigua plaza, que ahora es un aparcamiento, habían vuelto a la vida en plena madrugada para asistir al espectáculo. Dos tipos ebrios… Sigue leyendo aquí.

Cuadragésimo golpe, «Las cuarenta»

Eran cuarenta tacos y cuarenta golpes. Juntarnos cuarenta hubiera sido la guinda, pero tampoco nos cae tan bien la gente. Los cumplía un amigo de ésos a los que ves poco, pero da lo mismo. Son amistades de las de andar en bicicleta… Sigue leyendo aquí.

Cuadregesimoprimer golpe, «El paseo»

Viajar al pasado es tan fácil como leer un libro antiguo. O un diccionario, también. Aunque sea un cuadernillo de recetas de cocina. Ya se aprecia en las fotos, en los textos y en los propios platos, mucha historia. En uno de ellos, del 64, leímos… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimosegundo golpe, «La loca de los gatos»

Creí que era un mito, una figura mitológica a la que se invocaba cuando se hablaba de seres huraños y solitarios recluidos en algún rincón por no poder establecer relación con los de su propia especie. Pero les digo que es de verdad… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimotercer golpe, «Análisis literario»

A pie de página, el crítico establecía un análisis del poema que acababa de leer: «El autor, en la versión primitiva del poema, mantiene una regular composición de endecasílabo crético mediante la cual establece un diálogo… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimocuarto golpe, «El día de los muertos»

Era la víspera del día de los muertos, lo que los antiguos llaman de Todos los Santos y los modernos Halloween. Otro día más en la oficina. Llegué antes de lo habitual, no recuerdo bien por qué, y apenas había tres personas en la planta… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimoquinto golpe, «Y tú, ¿de quién eres?»

El padre salió pitando del trabajo para volver a casa y pasar tiempo con su familia, pero movía los juguetes abrumado por el cansancio y los problemas de la oficina. El encamisado de la oficina fue a un viejo local donde… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimosexto golpe, «At Ascao»

Delante de mí un perro osuro y fino
—no entiendo de razas—,
muestra en sus agitados ojos claros
la sinrazón que ve desde un Focus gris…

Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimoséptimo golpe, «Notas mañaneras»

Buenos días, Amor. Si es que a esta noche cerrada se le puede llamar día. Mi plan de dormir a pierna suelta ha resultado un fracaso. Las 5:48, me dice el reloj descojonándose. Aún le doy vueltas a todo. Parece que las decisiones las toma algún… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimoctavo golpe, «Menudo jardín»

Zarandeando las ramas del árbol de la ciencia, vi, al fondo, el descuidado árbol de la vida que una vez ocupó mi tiempo. Tenía que aferrarme a él, aunque la desidia me suplicaba… Sigue leyendo aquí.

Cuadragesimonoveno golpe, «Retrato de diciembre»

Vuelve el frío,
convirtiendo lágrimas
en trozos de hielo
y el Mesías en diciembre…

Sigue leyendo aquí.

Quincuagésimo golpe, «El robo de un cumpleaños»

Sucede que es ésta, y no otra, la semana de mi cumpleaños. Y digo «mi» porque sigo envejeciendo irremediablemente, pero hace tiempo que me fue arrebatado. Recuerdo vagamente algún cumpleaños feliz de niño. Coches de juguete… Sigue leyendo aquí.

 

29 Comments

  1. Ya me he leído uno, el de los viejos ciegos, es un decir.
    Me ha gustado mucho pero te diré que si a la edad de tener bebés ya se siente uno viejo, apaga y vámonos. Apago yo, que tengo un hijo de dieciocho.
    En fin….

      1. Todo llegará en su momento justo, ni antes ni después.
        Saludos.

  2. Me he leído el segundo golpe. Muy bien dado!!
    He querido dejar un comentario por dos veces, pero no sé si lo he logrado. Me temo que no.
    Más besos

  3. El sexto golpe también me ha gustado mucho. En especial las Zipi y Zape. Qué deprimentes me han resultado!!
    Ya te iré leyendo poco a poco pero te comento por aquí, el otro me pone muchas pegas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s