Mis 52 golpes (31/52)

¡Hola! Iré compartiendo aquí todas mis publicaciones de Los 52 golpes, que es donde me he «mudado» a escribir este año. Habrá un nuevo texto cada semana del año. ¡Gracias!

Primer golpe, «El rapto»

Me dejaron inmovilizado en una vieja silla giratoria que chirriaba con debilidad. Me ataron del cuello y cubrieron mi cuerpo con una capa de tela gruesa de intenso color rojo. Cuando pude abrir los ojos, un gran espejo mostró… Sigue leyendo aquí.

Segundo golpe, «Navidades añejas»

Un ocho de enero murió mi padre. Cada año recuerdo la canción que le escribí, no a él, sino a los altruistas reyes magos que visitaban el hospital en el que yo hacía vida por entonces, hace ya ocho años… Sigue leyendo aquí.

Tercer golpe, «Bukowski»

Hoy me pasé por Correos para enviar poemas a ocho estúpidos certámenes y cuatro copias de mi disco. Una señora enjuta y arrugada pegaba etiquetas a cada sobre y me daban náuseas pensando que estaba poniéndole precio a mis letras. Sigue leyendo aquí.

Cuarto golpe, «Viejos ciegos»

Un día te asomas al espejo y ves a un viejo que se parece a ti. Pierdes algo de peso y hasta compras ropa decente pero sigue habiendo un señor arrugado donde antes te lavabas la cara tú. Aún así te pertrechas y te repasas, hasta te preguntas… Sigue leyendo aquí.

Quinto golpe, «La abuela»

La casa de la abuela está deshabitada pero los bancos siguen mandando cartas. La entrada da a un corredor que a su vez da a un patio cubierto de hojas secas, y hay un sofá alargado en el rincón con más luz, con una pila de libros… Sigue leyendo aquí.

Sexto golpe, «Las doce pruebas»

En el metro de Madrid habita una fauna de lo más curiosa. Era hora punta en la línea seis y las gentes parecían garbanzos cociéndose en una olla exprés. Una voz de mujer se aproximaba, pidiendo limosna, pensé yo, pero poco a poco… Sigue leyendo aquí.

Séptimo golpe, «Te quiero»

Hubieron de pasar años hasta que los astros se alinearon y nuestras apretadas agendas se despejaron para comer un día. Es increíble lo fácil que era bajar al parque a darle patadas a un balón tiempo atrás y lo difícil que nos lo… Sigue leyendo aquí.

Octavo golpe, «Medusa»

A veces se me olvida que tengo una ventana a través de la cual pululan millones de vidas. Y se me olvidan también las vidas que asesiné para tener ésta, que vive presa en una cárcel con ventanas a través de la cual pululan millones de… Sigue leyendo aquí.

Noveno golpe, «Costumbres»

Los humanos somos animales de costumbres. Con la edad, parece ser, cada vez más. A medida que envejezco envejecen mis manías y se agigantan, por la fuerza misma de ejercerlas constantemente. Me imagino a mí mismo en la senectud… Sigue leyendo aquí.

Décimo golpe, «El enfado»

Tenía que pasar. Lo de no tener nada que contar esta semana, digo. Admiro la capacidad que mucha gente tiene de darle importancia a las cosas. Y, además, de no avergonzarse al escribir sobre ellas. Ahí están, en sus redes sociales… Sigue leyendo aquí.

Undécimo golpe, «Las vidas que no he sido»

El tiempo avanza en una sola dirección, inexorable y constante, sin permitirnos si quiera la pausa. Y sin preguntar. La vida debería tener un botón para guardar la partida, como en los videojuegos. Así, tal vez, seríamos capaces de vivir… Sigue leyendo aquí.

Duodécimo golpe, «Frutas y verduras»

El gigantón servía cerveza en su jarra y hablaba serenamente. En sus manos aquella litrona no era más que un pequeño botellín de Mahou. Observaba su vasto puño entre la sorpresa y el miedo, suplicando en silencio por no sentir nunca un… Sigue leyendo aquí.

Decimotercer golpe, «Decimotercer insomnio»

Permíteme que vuelva a molestarte esta noche. Deja que vuelva a merodear por el orden de tus letras, ése que nunca entendí pero que sé de memoria. Cu, uve doble, e, erre, te… No es que te tenga abandonado. Al contrario. Cada semana me… Sigue leyendo aquí.

Decimocuarto golpe, «El escritor del No»

A veces pienso que hay una fuerza invisible que nos empuja a elegir un nuevo libro, como si el libro ya nos hubiera elegido a nosotros. Confieso que con frecuencia escojo más bien al azar, por el número de páginas o por lo que… Sigue leyendo aquí.

Decimoquinto golpe, «La llamada»

No pensaba coger el teléfono, pero me arrepentí en el último momento. —¿Sí? —contesté, lacónico. —¿Qué dices, subnormal? El saludo era inconfundible. —¡Hombre! ¿Qué pasa? —reaccioné.—Pues aquí, hasta el nabo… Sigue leyendo aquí.

Decimosexto golpe, «Por las malas»

Acudí al Club de los Poetas Violentos
antes de ir al aula del profesor Keating.
El barrio aullaba a Camarón y a Rosendo,
yo buscaba micros para dar un mitin…

Sigue leyendo aquí.

Decimoséptimo golpe, «Noventa y dos minutos»

Lo que se tarda en perder un Mundial. Lo que tarda una comedia romántica en ablandarte el cerebro. Noventa y dos minutos en la sala de espera de la enfermera, con tres pacientes por delante. Noventa y dos minutos en los… Sigue leyendo aquí.

Decimoctavo golpe, «El estorbo»

Cuando uno va al hospital, espera reconfortar de algún modo al enfermo. Alegrarlo un poco, tranquilizarlo… Distraerlo, aunque sea. Por lo menos no ser un estorbo; un manojo de nervios incapaz de controlar las emociones sin que se note… Sigue leyendo aquí.

Decimonoveno golpe, «Oculto a simple vista»

No sé qué me pasa últimamente, pero soy incapaz de juntar palabras. No tengo mucho tiempo, y estoy ocupado. No apunto una mísera idea. Será que apenas tengo tiempo para leer. Me dedico a un jueguecito tedioso del móvil… Sigue leyendo aquí.

Vigésimo golpe, «Conclusiones»

De asistir a un parto y ver nacer a mi hija, dos conclusiones saco:

La primera es que las madres son indudablemente superiores físicamente hablando a cualquier grupo militar de élite mundial…. Sigue leyendo aquí.

Vigesimoprimer golpe, «Lobos con piel de perro»

Ahora que el mundo ha cambiado de órbita y ya no gira alrededor de mi ombligo, sino en torno a un ombligo más pequeño, atado aún a un cordón caduco, todo parece más sencillo. Las prioridades están más claras. El peso de… Sigue leyendo aquí.

Vigesimosegundo golpe, «El proceso creativo»

De éstos, nuestros 52, algunos incautos decidimos ponerle cara a los escritores que hay detrás de los números —error garrafal histórico que hace que muchos mitos caigan al suelo como brevas maduras—, y lo hicimos en un lugar llamado… Sigue leyendo aquí.

Vigesimotercer golpe, «Escritura automática»

Lo oí en una charla de un poeta bohemio hace un tiempo. Decía que a veces escribía casi dormido; apuntaba frases inconexas cuando estaba a punto de caer rendido y no podía procesarlas, simplemente «trasladarlas». A veces obtenía… Sigue leyendo aquí.

Vigesimocuarto golpe, «La disyuntiva de la tortilla»

Sabrán entender que la parte de «patata» es, generalmente, bien entendida. Sin embargo, la de «tortilla», no lo es tanto. Y es que —dicen los que saben cocinarse la vida— hay que echarle más huevos. La vida es más como una tortilla de patata… Sigue leyendo aquí.

Vigesimoquinto golpe, «El entierro»

A los entierros voy con algo negro y algo blanco. Negro porque hay que saber respetar la muerte y blanco porque hay que saber celebrar la vida. A los entierros voy escuchando flamenco, flamenco puro, porque es la única manera de escuchar… Sigue leyendo aquí.

Vigesimosexto golpe, «El chico nuevo»

Encamisado y de largo en este desierto madrileño entré en la nueva oficina. Las miradas sobre mí y las mías al infinito, por si me encontraba con alguna. Una eternidad de ojos nuevos vestidos con toga y martillo de juez. Mis pies directos al… Sigue leyendo aquí.

Vigesimoséptimo golpe, «Estrés»

Es un mes y medio largo,
o diríase que eterno,
donde no cabe el letargo
ni palabras en cuaderno…

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Vigesimoctavo golpe, «La piscina profunda»

En este sistema que nos hemos montado los humanos, debemos adaptarnos a horarios. Que viene a significar que hacemos las cosas cuando podemos, y no cuando queremos. ¿Qué sentido tiene eso? Bueno, ese hueso ya lo morderemos otro… Sigue leyendo aquí.

Vigesimonoveno golpe, «No es país para veganos»

Nunca digas de este agua no beberé ni este cura no es mi padre. Sí, señorías. Yo, que fui criado en Segovia —tierra en la que sólo se comen bebés de animales y la verdura no se usa ni para decorar—, y afincándome poco a poco a la zona de… Sigue leyendo aquí.

Trigésimo golpe, «Mi pequeña capa de invisibilidad»

Ustedes verán si creen o no, como cuando leen a Tolkien, pero la magia existe. Yo la he sentido, y no sólo es la ciencia que está por descubrir, que también, a veces no tiene explicación humana posible. He encontrado algo mágico… Sigue leyendo aquí.

Trigesimoprimer golpe, «La Inquisición Inversa»

No queda mucho —lo he visto en los posos del café— para que sean lo suficientemente fuertes para actuar. El día del juicio se acerca y muchos no sabemos ni de qué seremos acusados. El día —así lo dice la profecía— en el que la Inquisición… Sigue leyendo aquí.

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