Un nazi en el supermercado

Lo conocía de un gimnasio en el que estuve una temporada. Bueno, conocer es un término muy cercano… digamos que íbamos al mismo gimnasio. Para que lo visualicéis, me recordaba a Edward Norton en American History X pero con más barriga. Le gustaba llamar la atención, hablaba alto, hacía gestos grandilocuentes. De hecho, lo «conozco» por eso mismo. Lo escuchaba, me hervía la sangre, pero lo escuchaba. Me intrigaba en cierto modo. Lo estudiaba. Y lo temía también.

Era fuerte, boxeador, disciplinado y hasta gracioso, si me apuras. Presumía constantemente del peso que levantaba, claro está. Hablaba con la gente a voces y era abierto; algo más discreto si aparecía alguien con músculos parecidos pero más oscuros. Miembro de los Ultras Sur, tenía pistola propia en casa, una de verdad, porque la que llevaba en su trabajo de vigilante de seguridad le parecía de fogueo. Así se lo contaba a su colega de armas, un mazas gigante de pelo canoso y camiseta de tirantes que hacía chistes de rojos con él. Se lo contaba en la sauna, con la minga fuera y a ochenta grados. Yo rezaba para que no repararan en mí: miraba caer mi sudor en el suelo de madera, esperando esfumarme como el vapor del agua que golpeaba en las piedras calientes.

Un tiempo después —como buen inconstante que soy—, dejé el gimnasio y nunca volví a saber de él. Hasta esta mañana, cuando lo vi en la cola de la caja del supermercado. Estaba tranquilo y sereno, hasta respetuoso. Tal vez se comportara así fuera de su hábitat. En las máquinas de pesas nunca respetó el turno. Llamaba la atención por su volumen, su cabeza rapada, su perilla y su indumentaria, pero disimulaba. O al menos, no llamaba la atención adrede. Lo vi charlando amable y dócilmente con su pareja. Me lo podía imaginar haciéndole carantoñas a un niño pequeño. La imagen me dejó perplejo. ¿Habría cambiado? ¿Sería un disfraz? ¿Conservaría su pistola? ¿Era él? Sí, sí que lo era. Ahí estaba el fiero bulldog español armado comprando leche y haciendo números. Y yo volví a mirar al suelo, sin sudor esta vez, pero deseando evaporarme como en aquella sauna, no fuera a recordar al enclenque barbudo que pululó por su gimnasio una temporada.

De regreso a casa, con las bolsas de la compra, le daba vueltas. Tal vez —me decía— no sea más que un hombre común con la necesidad de buscar pelea e infundir miedo, buscando algo que erróneamente llaman respeto. Qué necesidad, pensaba yo. Parecía feliz. ¿Qué necesidad tendría de buscar problemas? ¿De amedrentar y quién sabe qué más? ¿De medir su fuerza? ¿De ponerse aquella máscara? Aunque, pensándolo bien, ¿qué necesidad tengo yo de escribirlo?

23 Comments

      1. Sí, sé que no andan mejor. Creo que los políticos de todo el mundo son un desastre, de otro modo viviríamos en Shangri-La. Pero a mi familia no nos fue mal con Obama y a pesar que no fue perfecto, al menos teníamos algo de paz. Pero con este señor, espero una guerra ya muy pronto. Deja tranquilizarme y a lo mejor me equivoco y es solo pintura y capota. El tiempo dirá, mi amigo.

  1. Uno de los dos papeles era un disfraz. Y me parece que era el del gimnasio. Hay gente que se comporta tan diferente según que sitio, buscando aplausos o reconocimiento. Triste!

  2. Dicen que hay cosas que si no las cuentas o en este caso escribes, no acabas de creerlas y como si compartirlo le da el énfasis que necesita, la historia, anecdota, caso, etc. no se hacen realidad o no lo asumes como tal.
    Como dice el refrán “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.
    Abrazos.

  3. ¿Qué necesidad tenemos de escribir nada? Pero nos ponemos y escribimos. La necesidad de hacerse el chulo será parecida, se pondría y luego ya no podría parar.

  4. Tal vez esa necesidad nazca no de entenderlo a él, sino de entenderte a ti mismo y a los sentimientos de “temor” e “incertidumbre” que te producía su presencia. Digo, tal vez. No sé

  5. Creo que todos tenemos necesidad de llamar la atención de algún modo, solo que la mayoría somos no nos gusta llamar la atención de esta forma. Habremos otros que llamamos la atención escribiendo y creo que aquí es donde si entramos la mayoría.

    Buena narrativa me entretuve leyendo, saludos.

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