Pensamientos de herbolario

Allí que fue la abuela, al mostrador del herbolario. Buscaba algo que aumentara el apetito de su nieto. Pero mírelo, mire cómo está —decía—. La dependiente y yo contemplamos al niño rubio que estaba jugueteando con los objetos del escaparate, sentado en el suelo. No hubo respuesta, así que la abuela lo asió y le levantó el jersey, a la voz de «¡pero mire! ¡Mire cómo está!». Eché un rápido vistazo al cuerpo del niño. Tuve que ver también la zona donde la espalda pierde su nombre —la abuela la mostró adrede porque se notaba un poco el hueso—. No vi un niño muy delgado. De hecho, vi un niño en buena forma, pero qué iba a saber yo. Ambos esperábamos la respuesta de la dependiente, que, por cierto, gasta una figura excepcional. Salió del paso cortésmente, indicando que ella lo veía bien, que no había problema, con dulzura. Pero sus cejas indicaban que pensaba lo mismo que yo: que la abuela veía con estrechez de miras. Salió por peteneras. Que si el pediatra, que si no tiene ánimo, que si lo tengo que arrastrar para venir —¿a qué niño no le gusta un herbolario?—, que si mire usted.

Y yo que gracias, que hasta la semana que viene, adiós muy buenas. Me monté en el coche y me fui pensando que tal vez las abuelas vean de verdad más estrecho. Un mundo comprimido por los costados. De ahí la obsesión con que los nietos comamos como si fuera a estallar la guerra al día siguiente. Claro que ellas sí han vivido una guerra y saben lo que es el hambre, así que tal vez su visión esté justificada. Pensaba en la reacción de la chica del herbolario, en si los pediatras no saben que el percentil es sólo una media y meterte en el numerito es meterte kilos de más. Me preguntaba de dónde habrían sacado lo de recomendar galletas maría al tiempo que te piden mesura con la fruta porque «tiene mucho azúcar». Pensaba en que este calor de noviembre me acojona, aunque a muchos les parezca divertido. En por qué narices ese señor me va comiendo el culo y por qué me adelanta bruscamente para aparcar cien metros después delante de mis narices. En todos los carteles de «se traspasa» y «se alquila» de una calle que en tiempos fue un hervidero. Al menos, pensaba, está sonando Flojos de pantalón en mis altavoces y eso ya es algo del Carabanchel que yo aún tengo en la cabeza. En que menos mal que ya vuelvo a casa, así dejo la cesta y me pongo a leer, que el mundo está lleno de gilipollas. Y gilipollos, para los sensibles a la materia. En mi burbuja, al menos, el único gilipollas soy yo.

39 Comments

  1. De gilipollas comeculos, que viven para ser mirados y no para mirarse por dentro. Que no saben ni leerse, cuando la luz roja se le enciende. Mejor en tu mundo Johan, pero sal a respirar de vez en cuando

  2. Las abuelas lo que pasa es que van por delante y quieren que el chiquillo tenga reservas por si toca pasar hambre… visto así tiene su lógica. Al otro del coche, me temo que no lo visita el razonamiento muy a menudo… me quedo con la curiosidad de saber q compraste en el herbolario 😜

  3. Y lo rollizos que hemos pasado nuestra juventud gracias a nuestras abuelas… El del coche un imbécil. Un listo de los que he hablado alguna vez. Prefiero ser un gilipollas como tú que un listo como ellos. Un abrazo

  4. Me gusta entrar en los herbolarios aunque no tenga que comprar nada, pero sus aromas me incitan a hacerlo.

    Saludos invernales.

  5. Este me ha gustado mucho, así, en conjunto.
    Yo conocí a una señora que decía “arbolario” y le gustaba mucho comprar cosas de ahí, ramas y eso.
    Lo de ser el único gilipollas está bien, es cómodo.

  6. Pues mi abuela no me llevaba al herbolario porque en mi pueblo no había de eso, cortaba ella misma las margaritas ( manzanilla) y me las infusionaba! Por eso tengo yo este pelazo seguro. Mira que ser el único gilipollas en este microclima

  7. Bravo, me ha encantado y me veo reflejado en tu indignación cotidiana. Cuando te subes al coche, suspiras para calmarte y aparece otro gilipollas… Y luego otro… A veces me miro al espejo y pienso, “venga, hoy te toca a tí ser el gilipollas de alguien, a por ellos” jajaja luego me desinflo

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