Sólo hay fronteras en el papel

«Y tú, ¿de quién eres?» era la muletilla con la que antaño las viejas del pueblo nos acribillaban al vernos pasar. Nosotros, inocentes mozos imberbes, resoplábamos o hacíamos burla, después de contestar casi de retahíla nuestro árbol genealógico. Lo que no sospechábamos es que esa pregunta nos la iban a hacer el resto de nuestra vida constantemente, aunque no siempre con esas palabras.

¿De dónde eres? ¿Qué música te gusta? ¿Eres de izquierdas o de derechas? Los papeles del coche, identifíquese. En esos cerebros de cubo de Rubik sólo se vislumbra la opción de plantarnos en un semillero según nuestras raíces, creencias, idioma o gustos. Y mejor será que no se nos ocurra mear fuera de tiesto. Además, con el tiempo, nos han enseñado que entre el blanco y el negro no hay tonos grises, sólo hay odio.

En esta dualidad absurda hay que ser pijo o hippie, israelí o palestino, madridista o culé, fascista o comunista, español o catalán, cristiano o musulmán. Y nada de escurrir el bulto con una explicación o un razonamiento. ¿Sí o no? ¿Estás conmigo o contra mí? Has de sentirte orgulloso de lo que eres y defenderlo a muerte.

Qué agotamiento. Me preguntan muchas veces qué género de música o de cine prefiero. Yo les digo que en el arte lo que me gusta es lo que me emociona, y me da igual si tiene cresta o gorra. Y cuando recito mis grupos favoritos y hay uno de rap, otro de rock, otro de soul y otro de metal les explota la cabeza. No, ¿pero qué películas te gustan? ¿Las comedias o las del oeste? Las buenas —respondo yo—, las buenas.

Dejen de separarnos. Dejen de decir «hombre blanco» u «hombre negro». Digan hombre. O mejor, digan persona. Dejen de decir homosexual o heterosexual para describir a gente. Dejen de ondear banderas. Dejen de ser y de sentirse de. Déjense de «los de aquí somos así». Quítense el orgullo. No se limiten, sólo hay fronteras en el papel.

25 Comments

  1. Así es. Se clasifica y ordena todo, y uno pareciera que debe encajar siempre en una categoría u otra. Y con esa división se presupone que se comprende la vida, la existencia, el arte, la música, etc. Craso error. Las palabras y aquello que convocan son únicamente un sustituto, pobre, limitador y burdo, de la realidad,
    La realidad, la mayoría de las veces es indefinible e ilimitada. Y en esa aceptación y disfrute de lo incomprensible reside una cierta plenitud o felicidad.

  2. El otro día, en una comida con varias parejas, hice un comentario a favor de lo que estaban argumentando los chicos y la reacción de una de las chicas fue preguntarme: !¿pero tú de qué grupo eres?!. Y la verdad es que fue incómodo pues en ese preciso momento me sentí muy hombre.

    Muy buena reflexión, como siempre, muy actual o casi atemporal.

  3. Las dichosas etiquetas!! Y si cada día te gusta una cosa? Y si me gusta Katy Perri y Rocío Jurado? Y si me gusta alguna pieza de música clásica y a la vez una ranchera??? Si es que lo más enriquecedor es no encasillarse.

  4. Sería estupendo que nos llamaran personas y ya está. Sin pertenecer a ningún grupo. Sólo al grupo de los seres humanos con sus gustos y diferencias porque ahí está lo divertido. Sin etiquetas, porque cada día puedo tener una idea, un gusto, un sentimiento diferente.
    Buena entrada, Johan.
    Besetes.

  5. Tenía mucho que no te leía Johan y Ahh me deja un grato sabor de boca volver a tu sitio,este post es algo que yo llamo libertad, amor, respeto y romper fronteras con la fuerza de la verdad, un saludo

  6. Gracias por compartir tan buena reflexión! Ojalá se les enseñara esto a los niños en las escuelas… crearíamos personas más sabias tan solo con eliminar las etiquetas.

  7. Simplemente gracias Johan, por plasmar tan bien todo lo que pienso y siento muy dentro. Comparto 😉

  8. Una excelente reflexión. Lástima que no se lleve a la práctica de manera general, se evitarían una inmensa cantidad de problemas y de sinsentidos. Además, en la variedad está el gusto, no? Un saludo

  9. Tengo una pequeña teoría respecto a eso. Cuando eres algo, te defines como un producto finalizado, acabado, inmutable. Eso, en cierto modo, nos da una falsa sensación de seguridad, de pertenecía. Y si “eres” una cosa, no puedes “ser” otra. Si eres una pera no puedes ser una manzana. No nos damos cuenta de que, en realidad no somos nada, estamos, fluimos, cambiamos dependiendo dónde, con quién y cómo nos sintamos. No es lo mismo ser un triste o un capullo o un cabezota que estar triste, actuar como un capullo o reaccionar con cabezonería. Poder soltar ese ser y limitarse a estar nos permite abarcar cualquier matiz que deseemos sin necesitar enjaularnos como las fieras de un zoo.

  10. Wow,me ha encantado. Me leería más, este es el más cortito que he visto, pero debo estudiar mucho😅😅😅 (sí, un viernes por la tarde) un placer que nos sigamos, un abrazo, Johan!

      1. Estoy en segundo de bachillerato (18) 🙂 NO va a ser leve😅😅😅😅 necesito ya una alegría para el cuerpo y desconectarme, a ver si es posible…

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