La abuela del andador

En las residencias de ancianos siempre hay algún huésped buscando conversación con vehemencia. Tanto es así, que si no eres precavido y te despistas con el aleteo de una mosca —como es mi caso—, cuando quieras darte cuenta ya estarás en plena vorágine verbal. Que si has venido a visitar a tal, que de dónde eres, que si tu abuelo hace tal cosa, que si vaya calor. Algunos tienen menos tapujos que un niño pequeño. Supongo que no tienen edad ya para remilgos.

Pues en esas estaba yo, mirando los cerezos a través del ventanal, cuando me vi atrapado entre la abuela y la pared. Me hablaba una señora de ojos claros y sonrisa dulce, apoyada en su andador. Para ser honesto, me enteré de la misa la mitad, porque hablaba demasiado rápido para mis elementales conocimientos de gallego. Pero sí guardé una frase que me gustaría compartir:

—Antes íbamos andando y te cruzabas con todo el mundo por el camino. Ahora, todos van coche y no se conocen entre sí.

Y para qué voy a escribir nada más, si no se puede explicar mejor. Escucha a tus mayores. Y a los mayores de los demás, también. Siempre se aprende algo.

3 Comments

  1. Así es, las personas mayores son un pozo de sabiduría, sólo hay que escucharlas y caminar a su ritmo, algún día otros caminarán al nuestro.

    Saludos.

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