No soy demócrata

Pensaba guardarme esta reflexión para las elecciones generales, pero en vista de las sotas de oros que están cayendo por Madrid —y las que caerán esta noche cuando sepamos el resultado—, lo dejo escrito, como quien hace una pared, que toca y se va. No soy demócrata. ¿Que qué he dicho? Que no lo soy. Me parece un sistema igualitario, pero no justo. Me explico —antes de que pongáis el grito en el cielo y me recordéis lo que han luchado nuestros abuelos por ella—. Pongamos que tú eres profesor de educación física y se presentan tres alumnos al examen: el esmirriado, el gordo y el atlético. Si aplicas un sistema igualitario, le darás una pesa de veinte kilos a cada uno, y que se las apañen. Le pondrás una matrícula de honor al atlético, un sufi al gordo y suspenderás al esmirriado. Las mismas reglas para todos, ¿verdad? Pero si aplicas un sistema justo, le darás una pesa de cinco al esmirriado, una de diez al gordo y una de cuarenta al atlético. Y los juzgarás en base a eso. Puede parecer lo contrario, pero ése sería un sistema justo. ¿Que es inverosímil? ¿Que es inaplicable? Puede. Tampoco lo hemos intentado.

Recuerdo que la primera vez que fui a votar en mi vida, henchido de ilusión y de aires de cambiar el mundo, me llevé la primera en la frente. Mientras buscaba mis papeletas, escuché a dos señoras barajando las suyas como naipes y reflexionando en voz alta:

—¿A éste?

—No, a éste no.

—¿Ésos quiénes son?

—Anda, ¡mira éstos!

—Sí, este logotipo es bonito, a éstos mismo. Total, son todos iguales…

Y ahí quedé yo, paralizado, dándole vueltas a los programas electorales que había leído y toda la información que había buscado para que esas dos tipas me anularan por partida doble el voto, porque les había gustado el símbolo del partido. El resultado de las elecciones, horas después, acabó por asesinar esa ilusión joven e incauta que tenía. Los problemas intrínsecos de la democracia son consabidos. Mi abuelo, que en paz descanse, ha votado durante años teniendo alzhéimer. El voto de un licenciado en Ciencias Políticas vale lo mismo que el de un recluso analfabeto. El sufragio universal permite votar a pedófilos, asesinos, traficantes, imbéciles e interesados. Amén de que, en España, ni siquiera es democracia estrictamente hablando. El valor de los votos depende de la comunidad en la que estés y los escaños que se consiguen dependen del partido votado. ¡Oh! La sagrada e indómita democracia…

¿Qué pasaría si sometiéramos tu trabajo a votación? ¡Que España decida si tu trabajo está bien hecho o no! ¿Qué? ¿Que la mayoría no sabría ni en qué trabajas? Hombre, la gente se informaría, por la prensa, de lo que haces y dejas de hacer. ¡Es lo más justo! Todo el mundo tiene derecho a expresar su opinión, ¿no? ¿Y si votáramos para elegir a los jugadores de la selección nacional de fútbol? ¿Por qué no? ¡Es el equipo de todos! ¿Qué importa si no entiendes un carajo o si eres entrenador profesional? ¡Imaginaos la alineación! Julio Iglesias de delantero centro —al fin y al cabo, es que más mete—, y Paquirrín de portero. ¡Lo que nos estamos perdiendo!

Ya sé qué estás pensando. Que hago demagogia y no aporto soluciones. No las tengo, desde luego. Dicen que la democracia es un mal necesario. Y a lo mejor lo es, ¡pero diantre! Al menos no lo presentemos como la panacea de todos los sistemas y la liberación del hombre. A lo mejor la cosa cambiaba si en cada papeleta se añadiese un pequeño cuadro en el que dijese: «Razone su respuesta». ¡Ja! Me gustaría ver qué escribirían algunos. O si hiciéramos un examen para comprobar si somos aptos para votar. ¿O vamos a dejar conducir un coche a cualquiera? ¿Y por qué narices el voto es secreto? ¿De qué nos avergonzamos? Dicen también que es el único sistema válido, pero que un pueblo culto es condición sine qua non. Sí, pero… ¡podemos esperar sentados! A la gente le da lo mismo. ¿No habéis visto el porcentaje de abstención?

En fin, para cuando esto se publique, yo habré votado o estaré a punto de hacerlo. No lo haré con ilusión —ya no—, pero sí decidido a poner un granito de arena para que me jodan lo menos posible. Y no te convenceré, ni lo espero. Me vale con que por un momento se te hayan tambaleado los pilares del dogma de la democracia. Aunque sea por un instante.

15 Comments

  1. Tu escrito me ha recordado el juego del ajedrez, tendré que reflexionar un poco más y ver el porqué de mi absurdo pensamiento.

    Me han gustado tus letras, no le sobra ni le falta nada, según mi parecer.

    Saludos.

  2. Completamente de acuerdo con tus reflexiones, pero no veo una solución fácil. Y lo de un pueblo culto…, permíteme sonreir 🙂 , no tienen ningún interés en ello. Las personas que piensan son peligrosas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s