El acantilado

—Inspirado en la entrada de El Bic naranja y la ilustración de Elicia Edijanto—.

5c17e7b60677e0034740a5dd501066cc

Había anuncios por todos los rincones del pueblo. Aseguraban que en aquel acantilado se hallaba el tesoro de la felicidad eterna. Sólo había una condición: saltar sin mirar abajo.

El interés se desbordó en cuestión de días. Muchos, timoratos, se preguntaban qué habría allí abajo que no pudiera ser visto. Se oían rumores de todo tipo. Unos pocos proclamaban un complot de la élite mundial para atentar contra la vida humana. Una pequeña parte hizo oídos sordos y siguió a lo suyo. Muchos se apuntaron a la campaña de la felicidad eterna. Al fin y al cabo, si lo decía la televisión, habría de ser verdad.

Sólo los candidatos podían acercarse al acantilado. El personal de seguridad de la campaña mantenía alejados a curiosos e intrusos; únicamente los saltadores y su dinero eran bienvenidos. Desde la playa se veían siluetas saltando hacia la felicidad eterna, de uno en uno, sin mirar abajo. Al cabo, desaparecían. Se especulaba con lo que podría pasar después: algunos decían que morían allí, pero no había rastro de los cuerpos; otros juraban que los enviaban a un paraíso terrenal. Lo cierto es que nadie volvía.

Para saberlo, tenías que saltar.

4 Comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s