No es país para abstemios

No tengo muy claro si la gente usa la droga como una excusa para ver a los amigos o si usan a los amigos de excusa para drogarse. Porque sí, en contra de la creencia popular debida —supongo— a su legalidad, el alcohol es una droga. Y el tabaco. Y qué diantres, el azúcar también lo es. No estoy seguro de las propiedades adictivas de los vegetales, pero me atrevería a decir que las sugerencias del tipo «¿nos comemos unas espinacas?» o «¿nos tomamos unos zumos?» no han tenido mucho éxito en gran parte porque no te generan una adicción… o un colocón.

Desde el botellón adolescente al copazo de señor, pasando por el botellín treintañero, la mayor parte de los planes de ocio incluyen droga. Caso perdido y aparte son los trajeados que van al baño regularmente a empolvarse la nariz o los desparrames de discoteca que duran lo que una jornada laboral. Hoy quiero hablar de los fines de semana o las tardesnoches de «tomarse algo».

Me sorprende la cultura general en favor del alcohol y en contra del resto de drogas. O por qué tomarse dos cubatas es algo normal y fumarse un porro es una catástrofe y una pérdida de todo raciocinio. No voy a entrar en lo que debes hacer o no, ni en si es bueno o malo, faltaría más; que cada palo aguante su vela y haga con su cuerpo lo que quiera, que para eso es suyo. Pero os confieso que me escandaliza —a estad que gasto ya; reconozco que antes no me pasó— la frialdad y permisividad con la que se trata el asunto. Y la marginación de los abstemios, no fumadores, veganos, vegetarianos y paisanos que claman contra el veneno del azúcar que echan a todos los productos de hoy en día.

Haced la prueba. Quedad con vuestros amigos para charlar —será probablemente en un bar— y pedidle al camarero una botella de agua mineral. La asunción del personal es fulminante: O estás enfermo o tienes resaca. «No, de verdad, me apetece tomar agua». Y ahí te va la retahíla: «El agua es para los peces». «¡Tómate una!». «¡No seas maricón!». No faltarán amigos que sin dudarlo te pidan una cerveza sin consultarte para remediar tu ofensa. Otra reacción común es la de la incredulidad. «¿En serio no bebes?, ¿has hecho una promesa a la virgen?, ¿y cómo te diviertes?». Y qué les vas a contar. ¿Que te diviertes de muchas otras maneras? ¿Que te sientes mejor cuando no bebes? Será inútil. Aquí lo normal es beber y el que no lo hace es raro. Y lo raro se descarta. Aquello de «¿quedamos y nos tomamos algo?» es inherente al quedar en sí. Y es motivo de presunción. «Ayer se nos fue de las manos» dicen, entre sonrisas, y el resto brinda su palmadita y risotada de aprobación. Es más, cualquier cosa que no sea beber es tratada como algo aburrido y cobarde. «¿Qué quieres hacer si no?». Como si no hubiera otra opción. Y ciertamente lo plantean de tal manera, como si la elección vital del ocio fuera elegir vino o cerveza, bar o pub, terraza o tasca. El alcohol tiene una impunidad que el resto de las drogas no. ¿Te imaginas llegar el lunes al trabajo y comentar la jugada? «El sábado me pasé fumando porros». Como llegue a oídos del jefe trajeado —el de la polvera— puedes darte por señalado o por despedido. Igual que si no vas a esa comida de empresa a beber hasta que seas sociable y gracioso. Porque beber es normal, y el vino y la cerveza son estupendos para la salud. Especialmente en dosis de litros.

Si te mantienes firme y constante, puede que tu grupo de amigos no te fusile y te permitan salir con ellos, a mirar cómo beben los peces en el río. Te llamarán aburrido, porque a las cuatro de la mañana, en vez de bailar con efusividad esa canción —sí, otra vez ésa— te dedicas a bostezar y a pedir la hora. Y luego se preguntarán por qué no sales o por qué te fuiste tan pronto. Y es que nadar contra corriente suele dejarte solo. Ya sea pidiéndote un zumo o viendo documentales en lugar de fútbol.

Parece que tendrán que correr unos años antes de incluir a abstemios, veganos y sanos en la sociedad. Al fin y al cabo son muchos siglos dándole al alpiste como para fiarse de alguien que no quiere drogarse con los demás. En fin, os dejo que me voy a tomar algo.

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