Sonríe

Algo tan simple como sonreír se hace, a menudo, muy complicado. Hay quien dice que es tan fácil como proponérselo. Puede ser. Puede ser que sonreír adrede por un par de segundos sea fácil, incluso honestamente, pero el tercer segundo te lleva lenta y amargamente tres segundos atrás, a la mueca seria y pensativa. Son tan escasos esos momentos buenos que en su misma brevedad está su gracia, porque sólo así los ensalzamos ante el tedio largo y pesado del resto de instantes.

Para nosotros los pesimistas no es fácil ir a dormir con una sonrisa en la cara. Algunos incluso retrasamos ese momento hasta estar seguros de que el sueño nos encontrará rápido, para que no de tiempo a que la cabeza se ponga a maquinar. Para nosotros los perfeccionistas tampoco es fácil sonreír, por esa manía innata de sacarle punta con obsesión a todo, sin que nada nos parezca suficiente ni aceptable.

Pero a veces querer es poder. Porque el único ingrediente común a los buenos ratos son las mismas ganas de pasarlos. El resto es superfluo, y hasta en el momento más triste cabe una sonrisa, aunque sea efímera. Por eso aún tengo fe.

Así que te diré que sonrías, firme como el médico que te prohíbe fumar, mirándote a los ojos, seguro de lo que digo; mientras acaricio el pomo del cajón del tabaco. Sonríe.

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