No tomarás el amor en vano

No hay un ápice de verdad en esos cariños. En esos tequiero que se dicen como si nada, cada mañana sujetando la puerta, como si de un ritual se tratase. En esos besos de rutina, que son un juntar de labios que parece un apretón de manos de cortesía. Agasajos de retahíla que surgen por costumbre, por convenio, o incluso por chantaje de afecto. Un tequiero de verdad no cabe en la boca. Es un balbucir difícil que te abre de par en par los sentimientos, dejándolos al descubierto, a merced de miradas, palabras y correspondencias. Se vencen los nervios, sudan las manos, el miedo te atrapa y la duda te para, porque pesa como una losa que quieres tirar por la ventana. Y cuando sale te deja vacío del golpe.

No los digáis en vano; pueden gastarse y perder su significado. Un tequiero pensando en otros asuntos, no lo es. Es un poema copiado. De tanta palabra vacía se les pierde el respeto y el miedo, la losa se aligera y cuando los digas, sonarán vacíos, sin peso, a palabras con las puertas cerradas, que no dicen nada. ¿Y para qué decirlo entonces?

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